miércoles, 10 de agosto de 2011

Carta de un veraneante desde el pueblo (I)

Apenas hace unos días que he llegado y ya me pongo a escribirte, no quiero que las emociones se desvanezcan tan pronto, no quiero que la rutina del verano me atrape y se lleve la agitación que siento, agitación que aquí tan lejos de ti resulta tan extraña.
Querida mìa, los  dias transcurren lánguidos y eso que aun son pocos  desde que  comenzamos las vacaciones,  la vida diaria es distinta a la habitual, las emociones planean pero no acaban de aterrizar, los desayunos a falta de puntualidad son amenos y no persiguen sino facilitar la entrada a la mañana que casi siempre, se presenta llena de planes que me resisto a seguir.
Atrás quedan los horarios que exigen prisas, atrás quedan los desayunos apresurados, llenos  de sentimientos, adornados  de café y croissantes, manchados de amor y de besos contenidos, las citas pasionales, los verbos mal conjugados, el placer vital.
Largas y plàcidas tardes de siesta y de cantarinas cigarras, pensamientos que emigran sin pasaporte, deseos que se deben posponer, ansiedad, añoranza y ganas de arremeter contra todo.
Mi cabeza està repleta de escenas de sensaciones que se suceden unas a otras, hace calor mucho calor, no me quejo pues sería inútil y el agobio seguiría siendo el mismo, las noticias no hablan de otra cosa y hacen de la normalidad un evento para llenar los informativos, no leo la prensa, siempre con lo mismo, este verano los disturbios de Londres, la prima de riesgo y ahora comenzaràn con el futbol, tremendo tostón.
No te lo creerás pero he traído mi maleta personal llena de tus recuerdos, diariamente la entreabro para que no se escapen todos de golpe, cuando llega la noche la  suave brisa que mece las ramas del limonero, pone melodía a mis susurros con la luna, que aun en creciente llena de sombras este querido patio  e ilumina el perfil de tu amado rostro que como en un sueño aflora y se presenta sonriendo frente a mi desafiante, las estrellas te acompañan y en ese instante que intento retener, mi corazón se funde con el tuyo, es como un rayo de felicidad  muy breve, muy fuerte, muy intimo, sonrío y acabada la pequeña ceremonia el día termina y el sueño me atrapa siempre con un último pensamiento, como el verde destello que el sol deja escapar cuando finalmente se oculta por el horizonte.

No hay comentarios:

Publicar un comentario