Pasado un buen rato las justificaciones mitigaban el dolor de sentirse en cierto modo olvidado, no correspondido, preguntaba con desgana sobre las fechas y lugares de envío de las misivas a los afortunados receptores una vez la habían releído en la intimidad de sus camarotes, y con esos datos y con mucha voluntad, pergeñaba la pequeña argucia mental de que mis cartas seguramente no habrían llegado a tiempo, por lo que a las dos horas del shock, el pequeño incidente emocional quedaba en el olvido sumergido a veces en melodías de vino y otras, travestido de indiferencia frente al resto de compañeros. Cuando por fin, la suerte me era propicia hasta 6 ó 7 cartas empapelaban de gozo mi llegada y entonces debía que escoger el orden de lectura y el momento más idóneo. Siempre comenzaba con las de casa, ( miedo a noticias desagradables?)las de papá, que en esos momentos su vida quizás no pasaba por ser precisamente la mejor, y en ocasiones me sumían en la congoja y alguna que otra lágrima, las de mamá, siempre sola, siempre esperando, me relataba con su trabajosa caligrafía todas las vicisitudes de la familia al completo, luego estaban las de los amigos, ( mis hermanos presos de un falso pudor muy pocas veces me escribían) que eran verdaderos compendios de sucedidos, dimes y diretes de la pandilla y que claro, comparados con mis excursiones allende los mares eran pura rutina, ( eso decían ellos) por fin llegaban aquellas que atendían al corazón, aquellas que impregnadas de supuesto amor encendían mi pasión y mis deseos de volver, cuantos “te quiero” y "echados de menos" confortaban mi espíritu aventurero ahíto entonces de aquelarres amorosos, pero falto de sinceras expresiones amorosas.
Todas aquellas cartas a buen seguro, habrían supuesto un esfuerzo más que notable por parte de todos los que pretendían llegar a mí, (al pobre de mí, que a miles de kilómetros de distancia sabía apreciarlas) un especial ánimo al redactarlas de puño y letra, en franquearlas y echarlas al buzón de la esquina ó ir para mas seguridad hasta la oficina de correos, el mismo sacrificio que yo asumía en ocasiones, ya que algunas noches apenas dormía bordando frases y cosiendo inquietudes y proyectos al papel, pues al día siguiente muy temprano partíamos a veces sin un rumbo definido y no era cuestión de dejarlo para el próxima puerto. Había una verdadera correspondencia de emociones y un sentimiento de lejanía, que a todos por un motivo u otro nos impulsaba a vincularnos a través de la escritura, pese a las dificultades y a la tardía satisfacción que ese tipo de comunicación nos producía.
Hoy en día, la inmediatez del mensaje exige rapidez de respuesta, no admitimos que un e-mail nuestro no sea contestado en breve, no valoramos ni lo que escribimos ni lo que recibimos, tecleas ó emborronas de tonterías ó de trascendentales pensamientos un papel virtual que puedes, modificar, borrar, cortar, añadir, pegar etc., haces click y lo envías para que tal vez lo mal lean unos pocos ó unos cientos, es igual pues ésos mismos, reciben decenas de mensajes diariamente y uno no puede quejarse pues se comporta igual que todos ellos.
Escribo esto escuchando a Triana, escribo esto no sé para quién, escribo esto no esperando respuesta, escribo esto solo para quien me quiera leer, escribo esto no para remover conciencias, escribo esto al fin para pedir : dejadme papel y pluma, dejad que un escalofrío de impaciencia, recorra mi cuerpo al tacto de un sobre manuscrito con mi nombre y dirección, dejad que examine la belleza de la estampilla, dejad que vea la letra del remitente como antesala de lo que me espera en su interior, dejad que el abrecartas me devuelva el aire y el perfume largo tiempo encerrado que seguramente envolvió por un instante al escribidor, dejad que el papel tenazmente doblado me arrulle con su rumor al desplegarlo, dejad que con fruición cuente los folios, dejad que en la intimidad el perfil de la escritura trabajada y hasta de algún borrón, me sublime con su significado y con su intención, por fin dejadme escrutar en la celulosa alguna escapada lágrima y dejadme que con un sentido beso, finalice su lectura.
Hoy ha hecho calor, la brisa nocturna acaricia con su tenue lozanía estas reflexiones veraniegas, la luna parpadea.
11 de agosto de 2011
11 de agosto de 2011