jueves, 11 de agosto de 2011

Carta de un veraneante desde el pueblo (II)

  La expectación, la ilusión y el entusiasmo  me invadía cuando lejos muy lejos de casa, tras unas semanas de navegación, recalábamos en un puerto perdido en el mapa y  recibíamos la correspondencia  largamente esperada, al instante,ceremoniosamente estas benditas cartas que albergaban intimas  palabras de los amigos, familiares o de los amores penosa ó alegremente dejados, se repartían sin atender a rango ó condición, llegado el momento y ser conocedor de que no era el destinatario de ninguna de ellas y tras volver a preguntar inútilmente como implorando un error o un olvido, la desesperanza, la tristeza ,el desánimo y la rabia se apoderaban de mi.
Pasado  un buen rato las justificaciones mitigaban el dolor de sentirse en cierto modo olvidado, no correspondido, preguntaba con desgana sobre las fechas y lugares de envío de las misivas a los afortunados receptores una vez la habían releído en la intimidad de sus camarotes, y con esos datos y con mucha voluntad, pergeñaba la pequeña argucia mental de que mis cartas seguramente no habrían llegado a tiempo, por lo que a las dos horas del shock, el pequeño incidente emocional quedaba en el olvido sumergido a veces en melodías de vino y otras, travestido de indiferencia frente al resto de compañeros.  Cuando por fin, la suerte me era propicia hasta 6 ó 7 cartas empapelaban de gozo mi llegada y entonces debía  que escoger el orden de lectura y  el momento más idóneo. Siempre comenzaba con las de casa, ( miedo a noticias desagradables?)las de papá, que en esos momentos su vida quizás no  pasaba por ser precisamente la mejor, y en ocasiones me sumían en la congoja y alguna que otra lágrima, las de mamá, siempre sola, siempre esperando, me relataba con su trabajosa  caligrafía todas las vicisitudes de la familia al completo, luego estaban las de los amigos, ( mis hermanos presos de un falso pudor muy pocas veces me escribían) que eran verdaderos compendios de  sucedidos, dimes y diretes de la pandilla y que claro, comparados con mis excursiones allende los mares  eran pura rutina, ( eso decían ellos) por fin llegaban aquellas que atendían al corazón, aquellas que impregnadas de supuesto amor encendían mi pasión y mis deseos de volver, cuantos “te quiero” y "echados de menos" confortaban mi espíritu aventurero ahíto entonces de aquelarres amorosos, pero falto de sinceras expresiones amorosas.
Todas aquellas cartas  a buen seguro, habrían supuesto un esfuerzo más que notable por parte de todos los que pretendían llegar a mí, (al pobre de mí, que a miles de kilómetros de distancia sabía apreciarlas) un especial ánimo al redactarlas de puño y letra, en franquearlas y echarlas al buzón de la esquina ó ir para mas seguridad hasta la oficina de correos, el mismo sacrificio que yo asumía en ocasiones, ya que algunas noches apenas dormía bordando frases  y cosiendo inquietudes y proyectos al papel, pues al día siguiente muy temprano partíamos a veces sin un rumbo definido y no era cuestión de dejarlo para el próxima puerto. Había una verdadera correspondencia  de emociones y un sentimiento de lejanía, que a todos por un motivo u otro nos impulsaba a vincularnos a través de la escritura, pese a las dificultades y a la tardía satisfacción que ese tipo de comunicación nos producía.
Hoy en día, la inmediatez del mensaje exige rapidez de respuesta, no admitimos que un e-mail nuestro no sea contestado en breve, no valoramos ni lo que escribimos ni lo que recibimos, tecleas ó emborronas de tonterías ó de trascendentales pensamientos un papel virtual que puedes, modificar, borrar, cortar, añadir, pegar etc., haces click y lo envías para que tal vez lo mal lean unos pocos ó unos  cientos, es igual pues ésos mismos, reciben decenas de mensajes diariamente y uno no puede quejarse pues se comporta igual que todos ellos.
Escribo esto escuchando a Triana, escribo esto no sé para quién, escribo esto no esperando respuesta, escribo esto solo para quien me quiera leer, escribo esto no para remover conciencias, escribo esto al fin para pedir : dejadme papel y pluma, dejad que un escalofrío de impaciencia, recorra mi cuerpo al tacto de un sobre manuscrito con mi nombre y dirección, dejad que examine la belleza de la estampilla, dejad que vea la letra del remitente como antesala de lo que me espera en su interior, dejad  que el abrecartas me devuelva el aire y el perfume largo tiempo encerrado   que seguramente  envolvió por un instante al escribidor, dejad que el papel tenazmente doblado me arrulle con su rumor al desplegarlo, dejad que con fruición cuente los folios, dejad que en la intimidad el perfil de la escritura trabajada y hasta de algún borrón, me sublime con su significado y con su intención, por fin dejadme escrutar en la celulosa alguna escapada lágrima y dejadme que con un sentido beso, finalice su lectura.
Hoy ha hecho calor, la brisa nocturna acaricia con su tenue lozanía estas reflexiones veraniegas,  la luna parpadea.  
11 de agosto de 2011

miércoles, 10 de agosto de 2011

Carta de un veraneante desde el pueblo (I)

Apenas hace unos días que he llegado y ya me pongo a escribirte, no quiero que las emociones se desvanezcan tan pronto, no quiero que la rutina del verano me atrape y se lleve la agitación que siento, agitación que aquí tan lejos de ti resulta tan extraña.
Querida mìa, los  dias transcurren lánguidos y eso que aun son pocos  desde que  comenzamos las vacaciones,  la vida diaria es distinta a la habitual, las emociones planean pero no acaban de aterrizar, los desayunos a falta de puntualidad son amenos y no persiguen sino facilitar la entrada a la mañana que casi siempre, se presenta llena de planes que me resisto a seguir.
Atrás quedan los horarios que exigen prisas, atrás quedan los desayunos apresurados, llenos  de sentimientos, adornados  de café y croissantes, manchados de amor y de besos contenidos, las citas pasionales, los verbos mal conjugados, el placer vital.
Largas y plàcidas tardes de siesta y de cantarinas cigarras, pensamientos que emigran sin pasaporte, deseos que se deben posponer, ansiedad, añoranza y ganas de arremeter contra todo.
Mi cabeza està repleta de escenas de sensaciones que se suceden unas a otras, hace calor mucho calor, no me quejo pues sería inútil y el agobio seguiría siendo el mismo, las noticias no hablan de otra cosa y hacen de la normalidad un evento para llenar los informativos, no leo la prensa, siempre con lo mismo, este verano los disturbios de Londres, la prima de riesgo y ahora comenzaràn con el futbol, tremendo tostón.
No te lo creerás pero he traído mi maleta personal llena de tus recuerdos, diariamente la entreabro para que no se escapen todos de golpe, cuando llega la noche la  suave brisa que mece las ramas del limonero, pone melodía a mis susurros con la luna, que aun en creciente llena de sombras este querido patio  e ilumina el perfil de tu amado rostro que como en un sueño aflora y se presenta sonriendo frente a mi desafiante, las estrellas te acompañan y en ese instante que intento retener, mi corazón se funde con el tuyo, es como un rayo de felicidad  muy breve, muy fuerte, muy intimo, sonrío y acabada la pequeña ceremonia el día termina y el sueño me atrapa siempre con un último pensamiento, como el verde destello que el sol deja escapar cuando finalmente se oculta por el horizonte.

lunes, 20 de junio de 2011

La pelusa desafiante

Son las 8 menos cuarto de la mañana,  voy a despertar al niño, me dirijo desde la cocina a la habitación, unos 12 metros, por el camino me doy cuenta que en el sofá hay dos mantitas y  unas  zapatillas de deporte en el suelo,  cojo las mantitas y las pliego me las pongo debajo del brazo y con una mano   las zapatillas,  como llevo la otra mano vacía cojo un vaso de agua y una piel  de plátano  que hay en la mesita al lado de la lámpara que por cierto  me doy cuenta que tengo que regar la maceta,  entro en mi habitación para guardar las mantas en el armario,  abro el armario y al ir a dejar las mantas veo que la bolsita de las pinturas que perdí ayer, está  ahí,  ¡como la voy a coger si sólo me queda libre el dedo meñique!..  dejo las mantitas encima de la cama,  las zapatillas en el suelo , el vaso….  y la piel de plátano… ¡no me la comeré y a tomar por saco! que hago?… me vuelvo a la cocina dejo el vaso y tiro la piel a la basura, pienso que está llena la saco del cubo y la dejo en un lado, ¡ ostras….  el niño!  Corro hacia su habitación, le llamo… me contesta …. a buenas horas!  Vuelvo, cojo las pinturas,  voy al baño a guardar las pinturas,  dejo las pinturas, el cristal está sucio, corto un poco de papel y paso el cristal   pero veo ropa de la ducha en el suelo, la recojo y la meto en la cesta de la ropa sucia cuando me doy cuenta que la toalla está mojada, cojo la toalla hay que tenderla, me dirijo al tendedero, tiendo la toalla en la cocina y me acuerdo que no le he puesto las tostadas al niño, corto pan y pongo la tostadora, veo el bocadillo que está todavía sin envolver,  abro el cajón… vaya desastre, luego lo arreglaré,  cojo el papel de plata y envuelvo el bocadillo, me dirijo a guardar el bocadillo en la mochila y al pasar veo en mi habitación las dichosas mantitas y las zapatillas, me río, y las guardo  las zapatillas las saco a la terraza, veo la regadera…. Tengo que regar la maceta….pero antes voy a meter el bocadillo del niño en su mochila, cuando de pronto ….. ¡esto es el colmo!   en mitad del pasillo…se me planta delante UNA PELUSA… desafiándome… ah no, …eso si que no… no te cojo, te vas tu solita con tus compañeras… al  rincón al lado del baño,  al fondo a la derecha, …..sigo hacia la habitación del niño y me entra la risa porque me doy cuenta de la cantidad de cosas que quiero hacer a la vez y todavía llevo el bocadillo en la mano, al fín lo guardo en la mochila, pero sigo pensando en la pelusa, tendré que recogerla, entro al baño cojo un trozo de papel y me agacho a recoger  las  pelusas reunidas, al agacharme me acuerdo que tengo que comprar..reflex…,  las cojo,  reunidas y desprevenidas  aunque  hay una que me baila, se me resiste, pero no podrán conmigo.
Todavía tengo que ducharme y son las 8 y cuarto, soy un desastre, pero  seguro que me da tiempo.

Ya en la calle, acicalada al  fin, subo al coche … ¡porras! la basura… se ha quedado en la cocina y la maceta no la he regado,  que le den…. me estoy riendo, pienso escribir esto en cuanto llegue.

Un día de marzo de 2007